En febrero de 1877 Francisco "Perito" Moreno caminó hasta un promontorio de arenisca sobre el Lago Argentino y encontró los paredones cubiertos de signos pintados. Fue el primer arte rupestre registrado científicamente en la Argentina, y le puso al lugar Punta Walichu. Este medio día te lleva hasta ahí — y después de vuelta por el pueblo que creció a su lado.
Casi todos llegan a El Calafate por el hielo. Esta es la tarde que te cuenta quién caminó esta costa primero, cómo se formó el paisaje y por qué hay un pueblo acá — y no te cuesta más que un medio día libre.



Perito Moreno llegó a este lago el 15 de febrero de 1877 y lo bautizó Lago Argentino. Cuatro días después caminó hasta un promontorio de la costa y anotó en su diario que las barrancas verticales estaban cubiertas de signos trazados por la mano del hombre. Los dibujó, y llamó al lugar Punta Walichu. Se considera la primera descripción científica de arte rupestre en el país.
El sitio es una línea de aleros de arenisca tallados por el viento — reparos poco profundos más que cuevas — sobre la costa del lago, a unos 8 km al este del pueblo. Entre los motivos hay figuras humanas y antropozoomorfas, huellas de animales, manos en positivo y en negativo, y unos llamativos diseños laberínticos. El guía recorre el sendero con vos y te los va leyendo; solo, la mayoría pasa de largo.
Walichu — también escrito Gualicho — era el espíritu maligno de la creencia tehuelche y mapuche: la personificación de la enfermedad, el daño y la mala suerte. Se creía que habitaba los accidentes llamativos y solitarios del paisaje — cuevas, rocas aisladas, árboles añosos, pasos angostos — que es exactamente el motivo por el que un promontorio pintado en una costa vacía lleva ese nombre.
Los misioneros españoles lo redujeron a "el Diablo", que nunca fue. La palabra sigue viva en el español rioplatense: hacer un gualicho es echarle a alguien un maleficio o un hechizo de amor.
El pueblo se trazó por decreto nacional el 7 de diciembre de 1927, pero empezó antes y más chico: un parador, una posta en la ruta de las carretas laneras, elegido por el agua y por el gran arbusto de calafate que le dio el nombre. El circuito recorre el casco viejo y las construcciones de los pioneros — entre ellas la Primera Casa del Pueblo, de ladrillo y adobe, levantada alrededor de 1908, y el edificio de La Anónima, trasladado entero hasta acá con tracción a sangre en 1924.
Después se baja a la Bahía Redonda, la bahía del Lago Argentino frente al pueblo. Estos humedales están reconocidos internacionalmente como Área Importante para la Conservación de las Aves: flamencos australes, cisnes de cuello negro y coscoroba, cauquenes, y playeros migratorios que llegan desde sus zonas de cría en Estados Unidos, Canadá y Groenlandia.
La última parada es el Centro de Interpretación Histórica, un museo de recorrido autoguiado que cuenta toda la línea de tiempo de este rincón de la Patagonia en una sola visita: desde hace unos 100 millones de años hasta hoy. Los esqueletos montados de dinosaurios patagónicos y los calcos de la megafauna de la última glaciación, como el Megatherium, comparten el edificio con la cultura tehuelche, el primer contacto, el auge de las estancias laneras y las huelgas patagónicas de 1921–22. Los paneles están en español e inglés.
Los dinosaurios no son decoración: esto es territorio de fósiles en serio. El Nullotitan glaciaris, un titanosaurio gigante, se excavó a unos 30 km al sudoeste de El Calafate y lleva el nombre glaciaris porque desde el yacimiento se ve el Glaciar Perito Moreno. Otra especie local, el Talenkauen, toma su nombre de las palabras aonikenk para "cráneo pequeño".
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Caminata guiada por los aleros de arenisca sobre la costa del lago, a 8 km al este del pueblo.
Por el casco viejo, las construcciones de los pioneros y el centro cívico actual.
El paseo costero, con las aves acuáticas que hacen de este humedal un área de importancia internacional.
Visita autoguiada por 100 millones de años de Patagonia, y regreso al hotel.
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Tres horas acá y el glaciar, la estepa y las estancias dejan de ser paisaje y pasan a ser un lugar con historia.
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Te pasamos a buscar y te llevamos de vuelta, en vehículos con calefacción y aire acondicionado. Acá se agradece.
El arte rupestre es sutil y la historia del pueblo es invisible si nadie te la señala. Ahí está todo el valor de esta excursión.
Encaja alrededor de un día de glaciar, un día de estancia o un vuelo de la noche.
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La excursión dura unas 3 horas. Los horarios cambian según la temporada — en los meses cálidos suele haber salida por la mañana y por la tarde, y en invierno una única salida por la tarde. Te confirmamos el horario exacto para tus fechas cuando te pasamos la cotización.
Es un sitio arqueológico sobre la costa del Lago Argentino, a unos 8 km al este de El Calafate: una línea de aleros de arenisca erosionados por el viento cuyas paredes conservan arte rupestre de los antiguos cazadores recolectores de la Patagonia, antepasados de los tehuelches. El nombre se lo puso Perito Moreno, que registró el sitio en 1877.
Se le atribuyen habitualmente unos 4.000 años. Punta Walichu nunca fue objeto de una excavación publicada con datación por radiocarbono, así que conviene tomar esa cifra como la estimación aceptada y no como un resultado de laboratorio — el guía te explica qué se sabe y qué no.
Walichu, o Gualicho, era un espíritu maligno en la creencia tehuelche y mapuche: la personificación de la enfermedad y la desgracia. Se creía que habitaba cuevas, rocas aisladas y árboles añosos solitarios, y por eso este promontorio pintado lleva ese nombre.
No, son sitios distintos y muy lejanos entre sí. La Cueva de las Manos, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y famosa por sus paredes cubiertas de manos en negativo superpuestas, está en el cañadón del Río Pinturas, en el norte de Santa Cruz, a unos 600 a 700 km de El Calafate por rutas en buena parte de ripio. No es una excursión de un día desde acá. Punta Walichu es un sitio más pequeño, sobre el lago, con su propia historia, y está a veinte minutos.
Se camina poco y fácil: senderos cortos y casi llanos en Walichu, y un paseo por el pueblo. Es apta para todas las edades. No es accesible para sillas de ruedas ni recomendable para personas con movilidad reducida importante; avisanos antes y te sugerimos alternativas.
Un museo autoguiado que cubre los últimos 100 millones de años de la región: esqueletos montados de dinosaurios patagónicos y calcos de megafauna glacial, las glaciaciones que formaron el paisaje, la cultura tehuelche y el primer contacto, la época de las estancias laneras, las huelgas patagónicas de 1921–22 y la fundación de El Calafate. Los paneles están en español e inglés.
Depende de la época, pero las habituales son flamencos australes, cisnes de cuello negro, cisnes coscoroba, cauquenes, patos y gallaretas. La costa también es escala de playeros migratorios que crían en América del Norte y Groenlandia. Si tenés binoculares, llevalos.
Por hoteles, hosterías, hostels, apart hoteles y complejos de cabañas con recepción las 24 horas. Si te alojás en un departamento de alquiler temporario sin recepción, pasanos la dirección y coordinamos un punto de encuentro cercano.
Calzado cómodo para caminar, anteojos de sol, protector solar y gorra en verano — y un abrigo pase lo que pase con el pronóstico, porque acá el viento no afloja. En invierno sumale gorro, guantes y campera impermeable. La cámara y los binoculares valen la pena.
Muchas veces sí, y es una buena combinación: el glaciar a la mañana, Walichu y el pueblo a la tarde. Depende de qué salida al glaciar tomes — contanos tus fechas y te armamos el día.
Sí, la excursión opera con un mínimo de dos pasajeros. Si viajás solo, avisanos y te cotizamos la opción privada o te buscamos una salida ya confirmada.

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Punta Walichu no es un espectáculo. Es una línea baja de aleros de arenisca sobre una costa ventosa, con signos pintados tenues abajo y una vista que cruza el Lago Argentino hasta los Andes. Lo que lo hace valer el viaje es que hubo gente parada exactamente ahí, pintando, miles de años antes de que a alguien se le ocurriera ir a buscar un glaciar — y que el primero de afuera en escribir sobre eso fue el propio Perito Moreno, en febrero de 1877, cuatro días después de bautizar el lago.
Sumado al casco histórico, las aves de la costa y un museo que va de los dinosaurios a los años veinte en un solo edificio, arma un medio día compacto, fácil y realmente interesante — y se acomoda a lo que ya tengas reservado. Contanos tus fechas y te enviamos una cotización gratis en menos de 24 horas.